Inició un recorrido desde el mercado de Cholula, Puebla, rumbo a los volcanes, por carreteras poco transitadas, hasta Santiago Xalitzintla (nos dicen que se pronuncia Salitzintla), al pie del volcán, a tan sólo 12 kilómetros del Popocatépetl. Y luego de unos kilómetros de pintorescos paisajes, todavía más emocionantes, seguimos por carretera de tierra, por varios kilómetros, hasta el espinazo de los volcanes y luego de alcanzar el punto más alto a casi 4,000 metros de altura sobre el nivel del mar, entonces comenzamos a bajar al punto turístico ahora conocido como el Paso de Cortés.
En todo momento tuvimos el volcán Popocatépetl a la vista, con un día especial, porque el volcán no tenía nieve. Se podía ver la roca y el cráter. En lenguaje náhuatl, el nombre del volcán Popocatépetl significa cerro humeante. Esto significa que desde los tiempos de los Mexicas, y mucho antes ya habían bautizado al gran volcán de México y por el humo que exhala, le llamaron Popocatépetl, pero los pobladores también le dicen don Goyo. Otro de los volcanes entre el entre Puebla y el Valle de México, es el famoso Iztaccíhuatl, también conocido como el volcán de la mujer dormida.
Los volcanes han sido parte del paisaje en el Valle de México. Un recorrido por carretera de Puebla a México, o al revés, ofrece unas vistas de los grandes volcanes, de sus pinos y bosques. Sin embargo, cuando la Conquista, Hernán Cortés llegó a Veracruz y al ver oro y más oro, preguntaron de dónde lo obtenían. La respuesta fue que era de “Culúa”. Se referían a uno de los pueblos originarios de la Gran Tenochtitlan, al pueblo de Culhuacán.
En la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, Bernal Díaz del Castillo describe que Hernán Cortés, desde Cholula rumbo a la ahora Ciudad de México, mandó un grupo de soldados a los volcanes, para conseguir azufre y convertirlo en pólvora. Hernán Cortés le informa al Emperador Carlos V, en Cartas de Relación.
Entre la leyenda y lo cierto, se dice que en lo alto de los volcanes, por el frío y por el hielo, a los soldados españoles se les pegaba la armadura al cuello, como la de Don Quijote, y se dice qué para despegarla y siguieran vivos, Cortés realizó ordenes impensables. Así llegó a Tlamacas y luego a Amecameca, más tarde entró a lo que hoy es Iztapalapa, por el lado de Chalco. Nuestro recorrido en vehículo fue una hazaña, lo fascinante es imaginarse esos tiempos. En menos de una semana, en otro recorrido a Cuernavaca, pudimos ver la fumarola del Popocatépetl, hasta el cielo.